En el marco de la visita de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina a la Virgen de Luján, compartimos la homilía de Monseñor Oscar V. Ojea durante la Misa por el cuidado y el respeto de la vida naciente de este sábado 26 de diciembre de 2020.

 

 

Santuario y Basílica Nuestra Señora de Luján
Sábado 26 de diciembre de 2020
Homilía de Monseñor Oscar V. Ojea

 

“Queridos hermanos y hermanas

Los Obispos que componemos la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal, el Cardenal Mario A. Poli, Primado de la Argentina, Mons. Carlos H. Malfa, Obispo de Chascomús, Mons. Marcelo Colombo, Arzobispo de Mendoza, junto al Arzobispo de Mercedes- Luján Mons. Jorge E. Scheinig, estamos reunidos junto con todos nuestros hermanos obispos de las distintas Diócesis del país, a los pies de María de Luján celebrando esta Eucaristía en su honor en el marco de la Navidad.

Llevamos al corazón de la Virgen este año que termina, en el que toda la humanidad está atravesada por una crisis sanitaria que nos deja expuestos en todas nuestras fragilidades. Con esta dura prueba una vez más quedó en evidencia una de las notas más preciadas de nuestro pueblo, la solidaridad.

Este espíritu solidario continúa vigente en tantas personas que se han entregado al servicio y al cuidado de la vida de los demás, aunque al mismo tiempo se hayan puesto de manifiesto gravísimas inequidades, ineficiencias estructurales sin que faltaran mezquinos intereses en algunos así como la negación de la realidad en otros.
Sin embargo nos consuela mucho saber que el pueblo argentino ha elegido mayoritariamente cuidar
la vida frente al rigor de este tiempo inédito.

Queremos agradecer el generoso servicio en tantos comedores y merenderos así como la enorme y sacrificada tarea en los centros de salud, atendidos por aquellas personas que realizan trabajos esenciales. En todos los casos las manos extendidas manifestaron nuestra interdependencia. Nos necesitamos unos a otros.

Muchos sacerdotes y pastores, así como numerosos laicos y voluntarios de Caritas, miembros de organizaciones sociales y de otros credos, están acompañando situaciones de pobreza que se han extendido de un modo alarmante en este último tiempo.

En medio de este contexto excepcional no podemos ocultar nuestro dolor ante el proyecto de ley del aborto. Públicamente hemos expresado la inoportunidad de dicho proyecto, no porque pensemos que hay un tiempo propio para presentarlo, ya que es muy conocida la posición sobre este tema de millones de personas creyentes y no creyentes, sino que cuando hablamos de tiempo oportuno, nos referimos a la sabiduría de leer en profundidad lo que se está viviendo, la magnitud y la complejidad de la crisis que atravesamos, para poner nuestras mejores energías en resolver los problemas que nos urgen hoy: la necesidad de establecer acuerdos fundamentales desde Conferencia Episcopal Argentina la dirigencia política económica y social que nos permitan mirar hacia adelante priorizando tierra, techo y trabajo para todos, promoviendo estilos de liderazgo que puedan perseverar en un proceso que llevará mucho tiempo y esfuerzo y buscando siempre sostener lo que nos une y no instalarnos en lo que nos divide.

“Esta Navidad nos encuentra en un momento histórico donde necesitamos una ardua reconstrucción: de las fuentes de trabajo, de la educación, de las instituciones y de los lazos fraternos. Muchas cosas se han roto y necesitan ser sanadas” (¿Por qué no renovar la esperanza?)

No podremos construir si se le suelta la mano al indefenso, si se desconocen los derechos al más débil y al más pobre. Este es un principio de ética humana, pre religiosa, que esta sostenido por la ciencia médica y el derecho.

Cuando el Dr. Tabaré Vázquez, ex Presidente del Uruguay que acaba de fallecer, veto la ley del aborto en su país, no se basó en sus creencias ya que se había declarado agnóstico sino en la conciencia de un médico que sabe perfectamente cuando comienza el maravilloso acontecimiento de la vida humana y que ha hecho un juramento para defenderla.

María nuestra madre, eligió la vida amenazada de un niño en el pesebre, la defendió con valentía de Herodes y sus soldados, la acompañó a lo largo de la vida pública de Jesús y la acompañó hasta la cruz, el momento más duro y terrible. Este año el pueblo argentino cuido la vida, la protegió, la alimentó, la curó, la lloró, la defendió de la pandemia del hambre, de la falta de trabajo y de la miseria. Por eso estamos convencidos que con María de Lujan el pueblo seguirá eligiendo siempre toda la vida y todas las vidas.

La Argentina de la post pandemia será fruto de haber entendido bien esta crisis y dependerá también de nuestra capacidad de revisar conductas, de aprender de lo vivido y de la necesidad de crear nuevos estilos de vida más solidarios y más fraternos.

Virgen Santísima, Madre del Pueblo argentino, vos que sos capaz de transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pocos pañales y una montaña de ternura, te pedimos que detengas tu mirada sobre los legisladores que tendrán que decidir sobre un tema de delicadeza tan extrema; que puedas provocar una serena reflexión en sus mentes y en sus corazones, que no renieguen de sus convicciones más profundas, para que todos los invitados al banquete de la vida puedan ser recibidos por un pueblo que sabe crear las condiciones de justicia necesarias para que
cada uno tenga su lugar en esta mesa grande, sin excluir a nadie ni privilegiando a algunos”.

 

† Oscar V. Ojea
Obispo de San Isidro

Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina

Buenos Aires (Luján), sábado 26 de diciembre de 2020.

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