Monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, hizo llegar, este viernes 26 de mayo, una carta a la comunidad porteña luego de conocerse su designación al frente de la arquidiócesis de Buenos Aires.

Al inicio de la misiva, el prelado expresó: “Con estas primeras líneas quiero compartir con ustedes algunas reflexiones, y un saludo grande desde el corazón que, emocionado le dice a Jesús, como Pedro en el evangelio de la misa de hoy: ‘Señor, tú lo sabes todo. Sabes que te quiero’ (Jn 21, 17)”.

Asimismo, el nuevo arzobispo de Buenos Aires pidió como nuevo pastor de la arquidiócesis porteña “que nos miremos, que podamos detener un poco el ritmo vertiginoso propio de la ciudad y reconocernos; descubrirnos en la mirada del hermano, porque Jesús sigue caminando por nuestras calles en las personas con las que nos cruzamos”.

Para ello, continuó, es necesario “salir de nosotros mismos, tener un corazón abierto, superando nuestros propios límites. Animarnos a la diversidad propia de la ciudad, y forjar entre todos la cultura del encuentro de la que tanto nos habla el Papa Francisco, frente a la cultura de la indiferencia”.

“Nos iremos encontrando en la calle, en el colectivo, en el subte, en las parroquias y colegios, o en una plaza, e iremos compartiendo la fe y la vida. También yo me iré reencontrando con mi historia en la ciudad, con mi infancia, con mis años de colegio secundario y universidad, con mis afectos, con mi vida familiar”, agregó.

En tanto, pidió “ayudarnos”, “porque nadie puede sólo en la vida, nos necesitamos, y yo voy a necesitar mucho de la ayuda de todos ustedes”, aseguró.

Y señaló: “Desde mis propias heridas y fragilidades, quiero entrar en comunión con las heridas del pueblo de la ciudad, con mis hermanos obispos auxiliares, con mis hermanos sacerdotes, con los religiosos y religiosas, con los laicos y laicas, con los ancianos, jóvenes y niños; experimentando todos, la infinita misericordia de Dios que nos ama y nos hace hermanos”.

Finalmente, también adhirió al mensaje de la Iglesia de Buenos Aires “por el fecundo pastoreo” del cardenal Mario Aurelio Poli, su antecesor y “con quien nos conocemos hace muchos años y compartimos la pasión por la historia”, dijo.

 

Texto de la carta
Queridos hermanos y hermanas de la arquidiócesis de Buenos Aires:

Con estas primeras líneas quiero compartir con ustedes algunas reflexiones, y un saludo grande desde el corazón que, emocionado le dice a Jesús, como Pedro en el evangelio de la misa de hoy: “Señor, tú lo sabes todo. Sabes que te quiero” (Jn 21, 17).

Tomo prestado el lema de la Colecta Anual de Cáritas que en este 2023 es: “Mirarnos. Encontrarnos. Ayudarnos”

Mirarnos… en la pandemia tuvimos que aprender a expresarnos con la mirada. El uso del barbijo no nos permitía mostrar una sonrisa, una expresión de bronca apretando fuerte los dientes, o mordiéndonos los labios por no llorar. Pero la mirada es espejo del alma. Tanto llanto por los abrazos no dados, tanto desconsuelo por los muertos a quienes no pudimos despedir; tantas lágrimas derramadas, nos permitieron limpiar la mirada, ver más nítidamente y renovarnos en la esperanza de un futuro mejor.

Por eso les pido como nuevo pastor de la arquidiócesis que nos miremos, que podamos detener un poco el ritmo vertiginoso propio de la ciudad y reconocernos; descubrirnos en la mirada del hermano, porque Jesús sigue caminando por nuestras calles en las personas con las que nos cruzamos.1

Encontrarnos… y para ello, salir de nosotros mismos, tener un corazón abierto, superando nuestros propios límites. Animarnos a la diversidad propia de la ciudad, y forjar entre todos la cultura del encuentro de la que tanto nos habla el Papa Francisco, frente a la cultura de la indiferencia.

Nos iremos encontrando en la calle, en el colectivo, en el subte, en las parroquias y colegios, o en una plaza, e iremos compartiendo la fe y la vida. También yo me iré reencontrando con mi historia en la ciudad, con mi infancia, con mis años de colegio secundario y universidad, con mis afectos, con mi vida familiar.

Ayudarnos… porque nadie puede sólo en la vida, nos necesitamos. Y yo voy a necesitar mucho de la ayuda de todos ustedes. Desde mis propias heridas y fragilidades, quiero entrar en comunión con las heridas del pueblo de la ciudad, con mis hermanos obispos auxiliares, con mis hermanos sacerdotes, con los religiosos y religiosas, con los laicos y laicas, con los ancianos, jóvenes y niños; experimentando todos, la infinita misericordia de Dios que nos ama y nos hace hermanos.

Me sumo a la gratitud de la Iglesia de Buenos Aires por el fecundo pastoreo del Cardenal Mario Poli, con quien nos conocemos hace muchos años; con él compartimos la pasión por la historia.

Desde Río Gallegos, la diócesis del fin del mundo, le pido al Señor que los bendiga mucho y a su Madre que acompañe nuestro caminar de pastor y pueblo, pueblo y pastor.

 

Fuente: AICA



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